21 de marzo de 2011

Veinte razones.

1. El amor. A mí misma. A los demás. A todos los que necesito cerca, y a todos los que me necesitan a mí. Amor al arte, a las obras sublimes de un museo. A un dibujo infantil hecho en una hoja arrancada de cualquier cuaderno. A la presencia de personas especiales que escriben en tu vida con tinta especial. A unos padres. A tu pareja. A la amistad en sí.

2. Las sonrisas. Reír-se. De uno mismo. Con el otro. De las faldas que vuelan en invierno. De los niños que sacan la lengua sentados en un carrito de la compra. De la mala memoria que nos falla en momentos oportunos. Del ridículo más absoluto. De los fallos que nos hacen aprender y seguir con la aventura. De cuántas veces caemos y nos ponemos rápido en pie para que nadie se dé cuenta.

3. La música. De fondo para conciliar el sueño. A tope cuando quieres descargar tensiones. En un concierto. En el coche. Sola, acompañada, triste, feliz, melancólica. Canciones para cada momento. Siempre alguna que recuerda por qué la risa es necesaria. Siempre hay emociones tras una canción. Recuerdos, melodía y banda sonora de cada vida humana.

4. La libertad. En general, es un amplio término. Andar por casa con una camiseta, sin sujetador y en bragas. Me encanta dormir así. Enroscarme entre las sábanas, ¡que no me las quite nadie! Andar descalza. Hacer planes de última hora. Y si son absurdos, mejor. Tomar decisiones, aunque a veces lo deteste. Los no madrugones. Los no cumpleaños.

5. Comer. Disfrutar en casa o en la calle de pequeños placeres culinarios. Cocinar para dos. Cocinar para uno. Para varios. La buena compañía en la mesa y entre fogones. Complicidad antes de degustar la obra maestra. Chocolate fundido. Lasaña. Pan crujiente ante  una yema de huevo frito. Tortilla de patatas. Pasta. Arroz. 1200comidasespectaculares.

6. Sexo. Es especial, es íntimo. Es necesario, es placer. 

7. Viajar. Es la mejor manera de renovarse, de ser alguien nuevo; de aprender. Cargar con la maleta y apuntar más kilómetros en la espalda. París; me encanta esa ciudad. Es el mejor sitio para perderse. Es romántica, es especial. Portugal: sus cabos, esas playas inmensas. Asturias, mi patria querida.

8. Los niños pequeños. Su peculiar manera de inventar palabras que siempre suenan bien en su boca. Los primeros pasos, las primeras caídas con posterior sonrisa o llanto. Las rabietas, sus caras de pena. Las manchas que nunca salen, de pinturas, barro o purpurina. El primer corte de pelo con las tijeras del cajón del baño. Sus mofletes. La carita rosa y suave de un bebé. El chúp-chúp de un chupete. Los primeros dientecillos.   

9. Los pequeños detalles. Siempre son grandes: regalos escondidos, cajas sorpresa que llegan hasta casa en manos de un mensajero, llamadas o sms que te hacen estremecer, visitas sin previo aviso, sonrisas de complicidad, miradas que hablan por sí solas, caricias, actos de confianza...

10. Disfrutar de los días de buen tiempo. Salir a pasear bajo las rayos del sol, tomar un helado en un parque o una cerveza en cualquier bar (si es en terraza, y con buenos amigos, mejor). Aprovechar para hacer fotos. Escuchar el canto alegre de los pájaros cercanos. El murmurar del agua de las fuentes. Primavera.

11. Disfrutar de los días de lluvia. Salir sin paraguas. Volver a casa cuando la lluvia cesa y todo huele a tierra mojada. Ese olor, y el pelo mojado que se pega en la cara de muchachas con pecas que sonríen. Besos bajo el agua. Abrazos, reencuentros, despedidas que se tornan tristes si caen lágrimas del cielo.

12. La playa. El agua salada que tragas sin querer hacerlo. Las algas que se anudan a tus tobillos. Los pececillos que nadan hacia ninguna parte bajo tus pies. La arena finita, dorada, especial. Una toalla y crema protectora, de la que huele a veranos alucinantes. Las gaviotas que se ausentan espantadas si llegas corriendo por detrás.

13. Un buen libro. Bajo un árbol. A la orilla del río. En el andén de una estación. En el autobús de vuelta a casa. En la mesilla de noche. Historias que enganchan. Cultura al alcance de cualquiera. El placer de aprender, de imaginar, de crear en tu mente.

14. Amanecer. Anochecer. Me da igual. El cielo. Ver salir el sol, o ver cómo nos abandona. Y si es en la playa, genial. Del mismo modo, la luna. Especialmente la del sábado pasado. Las estrellas, las que sólo vemos ya fuera de las ciudades (la contaminación y tantas luces las alejan de nosotros). Sentarte bajo ellas; pedirles deseos. Hacerlas cómplices de nuestros  más íntimos secretos. Fantasear con las nubes. Admirar cómo el viento las desplaza con suavidad, como algodón de feria. Inventar formas en ellas. Mira, ¡un corderito!

15. Una ducha relajante. Muy calentita, con jabones que huelen estupendamente bien. Duchas que escandalizan a greenpeace mientras nos deshacemos bajo el agua. 

16. Escribir. ¡No sé cómo lo he olvidado! Plasmar en papel las sensaciones, la intimidad. Llevar un blog, por ejemplo. Uno como éste, o como todos los que ya he cerrado por pereza. Desnudar un poquito el alma. Darse a conocer. El papel es paciente.

17. Una película. De las que te hacen recapacitar. Palomitas. Con mantequilla mejor que sin nada. Un sofá y la mantita. Películas de drama. De acción. De aventuras. Hasta infantiles. Mejor acompañada, sola no es igual.

18. Los buenos olores. Ultraviolet. Colonias de hombre. Papel quemado. Pintura. Libros usados. Árboles que florecen. El melocotón. El olor de tu pelo y de tu piel. Me encantan.

19. La televisión apagada. Encendida es mortal, es mejor verla pero no mirarla, nunca sabes con qué pretenden engatusarte. Son malos. no merece.

20. Tú. No por ser lo último, lo menos importante. Qué va. Tus manos enredadas en las mías. Tu compañía por la noche en mi cama. Dormir a tu lado. O encima de ti. Tus besos. Me vuelven loca. Tus abrazos, el mejor remedio para volver a la vida. Tu cara cuando me entretengo con tu espalda, llegando donde no llegan las palabras. Mis dedos entre tu pelo. Tus te quieros. Tú, de nuevo.   
    

Y a ti, ¿qué cosas te dan vida...?

4 comentarios:

  1. Un café calentito en invierno (y menos calentito en verano) viendo una buena película que te haga pensar. Tumbadito en el sofá.

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  2. Hablar..hablar...reir..una buena conversación.

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  3. Mi hija y mi hijo, con sus risas, sus llantos, sus enfados y sus abrazos...con sus "qué pesada eres mamaaaá", con sus decisiones distintas a las mías, con sus aciertos, con sus errores, pero con ese cariño que me destilan y que convierte mis dificultades en resorte para seguir hacia adelante con alegría y fuerza.

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  4. se podría decir que tus whatsap con enlaces de blogs que me hacen pensar, y me ponen melancólica pensando en epocas mejores y pasadas dan chispa a mis tardes de piscina.

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