Los sentimientos no
se describen. Quizás por eso tenemos siempre la sensación de que aquello que
uno vive no lo ha vivido ni lo vivirá jamás nadie.
Y puede que así sea,
cada cual vive e interpreta sus emociones de forma diferente. Unos prefieren
desaprovechar su vida viendo cómo pasa el tiempo, sin atreverse a dar un paso
de más por miedo a caer estrepitosamente hacia el vacío. Otros, sin embargo,
prefieren tirarse a la aventura, sin paracaídas ni casco, y confiar en que algo
frenará el golpe.
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