1. El amor. A mí misma. A los demás. A
todos los que necesito cerca, y a todos los que me necesitan a mí. Amor al
arte, a las obras sublimes de un museo. A un dibujo infantil hecho en una hoja
arrancada de cualquier cuaderno. A la presencia de personas especiales que
escriben en tu vida con tinta especial. A unos padres. A tu pareja. A la
amistad en sí.
2. Las sonrisas. Reír-se. De uno mismo.
Con el otro. De las faldas que vuelan en invierno. De los niños que sacan la lengua
sentados en un carrito de la compra. De la mala memoria que nos falla en
momentos oportunos. Del ridículo más absoluto. De los fallos que nos hacen
aprender y seguir con la aventura. De cuántas veces caemos y nos ponemos rápido
en pie para que nadie se dé cuenta.
3. La música. De fondo para conciliar el
sueño. A tope cuando quieres descargar tensiones. En un concierto. En el coche.
Sola, acompañada, triste, feliz, melancólica. Canciones para cada momento.
Siempre alguna que recuerda por qué la risa es necesaria. Siempre hay emociones
tras una canción. Recuerdos, melodía y banda sonora de cada vida humana.
4. La libertad. En general, es un amplio
término. Andar por casa con una camiseta, sin sujetador y en bragas. Me encanta
dormir así. Enroscarme entre las sábanas, ¡que no me las quite nadie! Andar
descalza. Hacer planes de última hora. Y si son absurdos, mejor. Tomar
decisiones, aunque a veces lo deteste. Los no madrugones. Los no cumpleaños.
5. Comer. Disfrutar en casa o en la calle
de pequeños placeres culinarios. Cocinar para dos. Cocinar para uno. Para
varios. La buena compañía en la mesa y entre fogones. Complicidad antes de
degustar la obra maestra. Chocolate fundido. Lasaña. Pan crujiente ante
una yema de huevo frito. Tortilla de patatas. Pasta.
Arroz. 1200comidasespectaculares.
6. Sexo. Es especial, es íntimo. Es
necesario, es placer.
7. Viajar. Es la mejor manera de
renovarse, de ser alguien nuevo; de aprender. Cargar con la maleta y apuntar
más kilómetros en la espalda. París; me encanta esa ciudad. Es el mejor sitio
para perderse. Es romántica, es especial. Portugal: sus cabos, esas playas inmensas.
Asturias, mi patria querida.
8. Los niños pequeños. Su peculiar manera
de inventar palabras que siempre suenan bien en su boca. Los primeros pasos,
las primeras caídas con posterior sonrisa o llanto. Las rabietas, sus caras de
pena. Las manchas que nunca salen, de pinturas, barro o purpurina. El primer
corte de pelo con las tijeras del cajón del baño. Sus mofletes. La carita rosa
y suave de un bebé. El chúp-chúp de un chupete. Los primeros dientecillos.
9. Los pequeños detalles. Siempre son grandes:
regalos escondidos, cajas sorpresa que llegan hasta casa en manos de un
mensajero, llamadas o sms que te hacen estremecer, visitas sin previo aviso,
sonrisas de complicidad, miradas que hablan por sí solas, caricias, actos de
confianza...
10. Disfrutar de los días de buen tiempo. Salir
a pasear bajo las rayos del sol, tomar un helado en un parque o una cerveza en
cualquier bar (si es en terraza, y con buenos amigos, mejor). Aprovechar para
hacer fotos. Escuchar el canto alegre de los pájaros cercanos. El murmurar del
agua de las fuentes. Primavera.
11. Disfrutar de los días de lluvia. Salir
sin paraguas. Volver a casa cuando la lluvia cesa y todo huele a tierra mojada.
Ese olor, y el pelo mojado que se pega en la cara de muchachas con pecas que
sonríen. Besos bajo el agua. Abrazos, reencuentros, despedidas que se tornan
tristes si caen lágrimas del cielo.
12. La playa. El agua salada que tragas
sin querer hacerlo. Las algas que se anudan a tus tobillos. Los pececillos que
nadan hacia ninguna parte bajo tus pies. La arena finita, dorada, especial. Una
toalla y crema protectora, de la que huele a veranos alucinantes. Las gaviotas
que se ausentan espantadas si llegas corriendo por detrás.
13. Un buen libro. Bajo un árbol. A la
orilla del río. En el andén de una estación. En el autobús de vuelta a casa. En
la mesilla de noche. Historias que enganchan. Cultura al alcance de cualquiera.
El placer de aprender, de imaginar, de crear en tu mente.
14. Amanecer. Anochecer. Me da
igual. El cielo. Ver salir el sol, o ver cómo nos abandona. Y si es
en la playa, genial. Del mismo modo, la luna. Especialmente la del sábado
pasado. Las estrellas, las que sólo vemos ya fuera de las ciudades (la
contaminación y tantas luces las alejan de nosotros). Sentarte bajo ellas;
pedirles deseos. Hacerlas cómplices de nuestros más íntimos secretos.
Fantasear con las nubes. Admirar cómo el viento las desplaza con suavidad, como
algodón de feria. Inventar formas en ellas. Mira, ¡un corderito!
15. Una ducha relajante. Muy calentita,
con jabones que huelen estupendamente bien. Duchas que escandalizan a
greenpeace mientras nos deshacemos bajo el agua.
16. Escribir. ¡No sé cómo lo he olvidado!
Plasmar en papel las sensaciones, la intimidad. Llevar un blog, por ejemplo.
Uno como éste, o como todos los que ya he cerrado por pereza. Desnudar un
poquito el alma. Darse a conocer. El papel es paciente.
17. Una película. De las que te hacen
recapacitar. Palomitas. Con mantequilla mejor que sin nada. Un sofá y
la mantita. Películas de drama. De acción. De aventuras. Hasta infantiles.
Mejor acompañada, sola no es igual.
18. Los buenos olores. Ultraviolet.
Colonias de hombre. Papel quemado. Pintura. Libros usados. Árboles que
florecen. El melocotón. El olor de tu pelo y de tu piel. Me encantan.
19. La televisión apagada. Encendida es
mortal, es mejor verla pero no mirarla, nunca sabes con qué pretenden
engatusarte. Son malos. no merece.
20. Tú. No por ser lo último, lo menos
importante. Qué va. Tus manos enredadas en las mías. Tu compañía por la noche
en mi cama. Dormir a tu lado. O encima de ti. Tus besos. Me vuelven loca. Tus
abrazos, el mejor remedio para volver a la vida. Tu cara cuando me entretengo
con tu espalda, llegando donde no llegan las palabras. Mis dedos entre tu pelo.
Tus te quieros. Tú, de nuevo.
Y a ti, ¿qué cosas te dan vida...?
Un café calentito en invierno (y menos calentito en verano) viendo una buena película que te haga pensar. Tumbadito en el sofá.
ResponderEliminarHablar..hablar...reir..una buena conversación.
ResponderEliminarMi hija y mi hijo, con sus risas, sus llantos, sus enfados y sus abrazos...con sus "qué pesada eres mamaaaá", con sus decisiones distintas a las mías, con sus aciertos, con sus errores, pero con ese cariño que me destilan y que convierte mis dificultades en resorte para seguir hacia adelante con alegría y fuerza.
ResponderEliminarse podría decir que tus whatsap con enlaces de blogs que me hacen pensar, y me ponen melancólica pensando en epocas mejores y pasadas dan chispa a mis tardes de piscina.
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