19 de abril de 2012

Pedazos.

Donde venga la inspiración, te espero. En cada línea del cuaderno. En la sombra de los árboles de agosto. En las servilletas de los bares. Tú solías ser el lugar donde cobijarme. Yo solía canturrear con tus abrazos. Las piedrecillas del camino se clavan en mis zapatos, y ahí estás tú para descalzarme y limpiar las suelas.

La vida no es más que bailar un sábado y joderte un lunes. Con sus altibajos, así es la vida. Un día te pones los tacones con temor a caer al suelo, y lo que vuelve roto a casa son las medias. Otro día te emborrachas y conoces gente, y al siguiente te olvidas de sus caras. Lo que a mí me gusta es usar rimmel a discreción, y después estropearlo por llorar a carcajadas. No comprendo muy bien por qué el despertador se empeña en sacarme a la fuerza de mis sueños, si lo único que busco en cada despertar es encontrarme con tu cara. 


Dicen que no hay mayor placer que el chocolate; ¡a mí se me ocurren millones a tu lado! Y que el agobio sea sólo porque has salido demasiado, y hoy no tienes huevos de ser persona.

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