Donde venga la
inspiración, te espero. En cada línea del cuaderno. En la sombra de los árboles
de agosto. En las servilletas de los bares. Tú solías ser el lugar donde
cobijarme. Yo solía canturrear con tus abrazos. Las piedrecillas del camino se
clavan en mis zapatos, y ahí estás tú para descalzarme y limpiar las suelas.
La
vida no es más que bailar un sábado y joderte un lunes. Con sus altibajos, así
es la vida. Un día te pones los tacones con temor a caer al suelo, y lo que
vuelve roto a casa son las medias. Otro día te emborrachas y conoces gente, y
al siguiente te olvidas de sus caras. Lo que a mí me gusta es usar rimmel
a discreción, y después estropearlo por llorar a carcajadas. No comprendo muy
bien por qué el despertador se empeña en sacarme a la fuerza de mis sueños, si
lo único que busco en cada despertar es encontrarme con tu cara.
Dicen
que no hay mayor placer que el chocolate; ¡a mí se me ocurren millones a tu
lado! Y que el agobio sea sólo porque has salido demasiado, y hoy no tienes huevos
de ser persona.
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