12 de febrero de 2011

Falta de ganas.

Cuando ya no puedes más, y sientes que el mundo se viene abajo sin dejarte reaccionar, siempre hay algo que te hace seguir tirando y luchar, aún cuando hasta tú has decidido tirar todo por la borda.

Somos muy negativos, y nos cuesta demasiado encajar los golpes que a veces recibimos. No sabemos valorar la sencillez de las cosas importantes, y nos encanta renunciar a todo lo que cuesta un trabajo mayor del habitual.


Como el perro que muerde sin piedad a quien le da de comer, así actuamos nosotros cuando damos la espalda a lo que nos hace sonreír. Como las tormentas en verano, cuando estropean un día de playa sin remordimientos.

¿Por qué lo que ayer erizaba nuestra piel hoy ya no es nada? ¿Por qué nada nunca nos complace? A veces no entiendo a las personas. No comprendo por qué nos complicamos siempre tanto. O por qué complicamos la vida de los demás sin mostrar arrepentimiento.


Detesto a la gente egoísta que actúa sin pensar en las consecuencias de sus actos. Y a aquellos que, por pura cobardía, miran para otro lado en lugar de poner fin. Deberíamos ser mucho más valientes, y pelear con uñas y dientes por las cosas que nos hacen VIVIR.

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