Cuando ya no puedes
más, y sientes que el mundo se viene abajo sin dejarte reaccionar, siempre hay
algo que te hace seguir tirando y luchar, aún cuando hasta tú has decidido
tirar todo por la borda.
Como el perro que
muerde sin piedad a quien le da de comer, así actuamos nosotros cuando damos la
espalda a lo que nos hace sonreír. Como las tormentas en verano, cuando
estropean un día de playa sin remordimientos.
¿Por qué lo que ayer
erizaba nuestra piel hoy ya no es nada? ¿Por qué nada nunca nos complace? A
veces no entiendo a las personas. No comprendo por qué nos complicamos siempre
tanto. O por qué complicamos la vida de los demás sin mostrar arrepentimiento.
Detesto a la gente
egoísta que actúa sin pensar en las consecuencias de sus actos. Y a aquellos
que, por pura cobardía, miran para otro lado en lugar de poner fin. Deberíamos
ser mucho más valientes, y pelear con uñas y dientes por las cosas que nos
hacen VIVIR.
No hay comentarios:
Publicar un comentario