15 de noviembre de 2010

Teorías no prácticas.

Hoy he aprendido una lección, y es que no puedes pedir que los demás crean en ti cuando tú no lo haces. No me malinterpretéis; ya me sabía la teoría, pero no la había puesto en práctica.

Supongo que esa es una de las teorías absurdas que todos conocemos, y damos por verdaderas, pero ninguno ponemos en práctica. Porque, en teoría, no deberímos juzgar a la gente sin conocerla, ni tirar la toalla en los momentos difíciles, ni hablar con las musarañas mientras estudias, ni saltarte en rojo los semáforos... Pero yo he hecho todas esas cosas y me da igual. Incluso he apagado el despertador para seguir durmiendo y he faltado a cosas importantes con las que me había comprometido. Y sí, he metido los dedos en un enchufe alguna que otra vez. 


También he bebido nesquick con fanta y coca-cola, y he mojado gusanitos en calimocho. He llegado al desayuno con ropa de calle, y me han dado las siete de la mañana haciendo nada. Pero esas teorías están para saltárselas, no son como las otras. Y es que siempre olvidamos la norma, pero unas normas deben ser respetadas y otras no si quieres vivir la vida.


Mucho me temo que a estas alturas no puedo presumir de ser demasiado legal. O al menos me paso las teorías por el forro de... los pantalones. Pero la única regla que no debería saltarme y que nunca quise comprender es la del quererse a sí mismo. Lo intento, pero siempre encuentro defectos que me decepcionan a mí misma. Supongo que todo tendrá relación con la confianza, y yo siempre tengo dudas de prácticamente todo. Hasta dudo si cerré bien el coche, y me vuelvo para comprobarlo. Y así con la puerta de casa, con la pastillita que me tomo cada noche y con las mil rutinas que sé que he hecho pero necesito revisar para asegurarme y poder dormir tranquila.


Desde hoy voy a intentar no perder más el norte. A mí manera particular de hacer las cosas, pero lo intentaré.

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