Todos tenemos miedos
a los que no (queremos) podemos enfrentarnos. Pero yo no temo a un
saltamontes, ni a la oscuridad; yo temo la soledad y me temo a mí misma: temo
la inseguridad con la que me observo, y la falta de un poquito de amor propio
que me empuje a caminar.
Me dan miedo las
frases hechas porque siempre pierden su valor, y me dan miedo las palabras que
dicen todo a quien las oye y nada a quien las habla.
Temo los pequeños
cambios más que los cambios radicales, porque lo pequeño se hace grande y llega
sin avisar. Temo caras de gente que no conozco porque no me dan seguridad. Me
avergüenzo cuando alguna tímida mirada se fija en mí. Detesto que me miren.
Detesto que me pongan a prueba. Y por eso estoy aquí sentada poniendo escusas,
y no donde debería estar.
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