Que sí, que vale. Que
la vida es muy bonita pero sólo a ratos, y que cuando al rato que te toca vivir
se le antoja joder, sabe hacerlo que da gusto.
Nos quejamos
nosotros, y no nos paramos a pensar en quien, en plena adolescencia, un buen
día sufrió un accidente de tráfico, perdió a su familia y quedó parapléjico. Y
tampoco nos acordamos de quien, tras ser madre de tres niños, quiso tener la
niña y obtuvo una pequeña con problemas de comunicación. Ni de la esposa que
vive con un marido que afronta una enfermedad degenerativa. O del hijo que
cuida de un padre con alzhéimer. No nos acordamos ni siquiera de la amiga que
rompió con el novio y lo pasó tan mal. Ni de aquel que se quedó a dos décimas
de obtener un puesto de trabajo fijo en las últimas oposiciones. Que sí, que
son putadas, pero cada cual vive la suya, a su manera, y unos salen y otros no.
Propongo que declaren
un día oficial del llanto y el victimismo. Para que todos podamos sentirnos
desgraciados y llorar como perros; para afrontar que la vida no es un maldito
mundo de rosas y que nos va a tocar sufrir hasta doler; para echar toda la
mierda que vamos acumulando y que termina saliendo por cualquier pequeña brecha.
Un día para que las
lágrimas no dejen de caer. Para tirarnos en la cama, darle vueltas a todo y ser
un puto cadáver. Un día nada más. Para al día siguiente verlo todo de otra
manera y no terminar hasta la polla de tanto problema.
Y después de ese día,
si hace falta, declararemos el día oficial del optimismo y trataremos de ver lo
bueno en lo difícil. Le echaremos ganas y seguiremos tirando de quien no quiere
o no puede hacerlo…
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