1 de octubre de 2010

Día Oficial.

Que sí, que vale. Que la vida es muy bonita pero sólo a ratos, y que cuando al rato que te toca vivir se le antoja joder, sabe hacerlo que da gusto.

Nos quejamos nosotros, y no nos paramos a pensar en quien, en plena adolescencia, un buen día sufrió un accidente de tráfico, perdió a su familia y quedó parapléjico. Y tampoco nos acordamos de quien, tras ser madre de tres niños, quiso tener la niña y obtuvo una pequeña con problemas de comunicación. Ni de la esposa que vive con un marido que afronta una enfermedad degenerativa. O del hijo que cuida de un padre con alzhéimer. No nos acordamos ni siquiera de la amiga que rompió con el novio y lo pasó tan mal. Ni de aquel que se quedó a dos décimas de obtener un puesto de trabajo fijo en las últimas oposiciones. Que sí, que son putadas, pero cada cual vive la suya, a su manera, y unos salen y otros no.


Propongo que declaren un día oficial del llanto y el victimismo. Para que todos podamos sentirnos desgraciados y llorar como perros; para afrontar que la vida no es un maldito mundo de rosas y que nos va a tocar sufrir hasta doler; para echar toda la mierda que vamos acumulando y que termina saliendo por cualquier pequeña brecha.


Un día para que las lágrimas no dejen de caer. Para tirarnos en la cama, darle vueltas a todo y ser un puto cadáver. Un día nada más. Para al día siguiente verlo todo de otra manera y no terminar hasta la polla de tanto problema.


Y después de ese día, si hace falta, declararemos el día oficial del optimismo y trataremos de ver lo bueno en lo difícil. Le echaremos ganas y seguiremos tirando de quien no quiere o no puede hacerlo…

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