18 de octubre de 2010

Ausencias.

Siempre pensé que era ese maldito lugar el que me ataba. Nunca supe por qué, porque ni sus calles son especialmente bellas ni todos sus habitantes invaden continuamente mis pensamientos. Además hace mucho calor en verano, y aunque no hiela en invierno, paso frío al desnudarme. O al meterme en la cama si estoy sola.

No era explicable que me enganchase tanto algo así. Algo interesante, pero no imprescindible. Y ahora que no estoy ahí me doy cuenta de que no importa el lugar, que da igual una ciudad que otra, que mil hoteles de mala muerte llenos de mugre.


Lo que de verdad me engancha hasta doler son ellos. Es él. 


Me importa un pito dónde podamos estar, y que el fin del mundo llegue mañana si estamos juntos. Son todo lo que tengo, y todo lo que quiero tener. Eso que siempre buscas y nunca encuentras, como una jodida explicación a algo que nadie comprende. 


No me preguntéis porqué, pero sin ellos no llego a ser nada y con ellos lo soy todo. Por eso es tan difícil vivir entre ausencias, y echar de menos sin remedio...

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