Siempre pensé que era
ese maldito lugar el que me ataba. Nunca supe por qué, porque ni sus calles son
especialmente bellas ni todos sus habitantes invaden continuamente mis
pensamientos. Además hace mucho calor en verano, y aunque no hiela en invierno,
paso frío al desnudarme. O al meterme en la cama si estoy sola.
Lo
que de verdad me engancha hasta doler son ellos. Es él.
Me
importa un pito dónde podamos estar, y que el fin del mundo llegue mañana si
estamos juntos. Son todo lo que tengo, y todo lo que quiero tener. Eso que
siempre buscas y nunca encuentras, como una jodida explicación a algo que nadie
comprende.
No
me preguntéis porqué, pero sin ellos no llego a ser nada y con ellos lo soy
todo. Por eso es tan difícil vivir entre ausencias, y echar de menos sin
remedio...
No era explicable que
me enganchase tanto algo así. Algo interesante, pero no imprescindible. Y ahora
que no estoy ahí me doy cuenta de que no importa el lugar, que da igual una
ciudad que otra, que mil hoteles de mala muerte llenos de mugre.
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